El mundo de Lucas se detuvo durante un segundo.
No fue una pausa consciente.
Fue más bien una ruptura en la percepción del tiempo, como si su mente necesitara un instante para aceptar lo que estaba viendo.
La pantalla de la laptop seguía mostrando la sala de su casa.
La cámara estaba colocada en un ángulo alto, probablemente en una esquina del techo. Desde allí se veía todo: el sofá, la mesa, la puerta principal… y ahora también a Viktor Karev.
El hombre caminaba con calma dentro de la sala.
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