Nadie habló cuando la mujer terminó de advertirles.
No porque no hubiera nada que decir.
No porque faltaran palabras.
No porque no existieran preguntas.
Sino porque, por primera vez, todos entendieron exactamente lo que estaba en juego.
No era una amenaza más.
No era otro aviso.
No era una posibilidad lejana.
Era una cuenta regresiva.
Una que ya había empezado.
Una que no iba a detenerse.
Una que no dependía de que ellos estuvieran listos.
Valeria fue la primera en romper el silencio.
—No vamos