El amanecer llegó con un silencio extraño, casi inquietante. La ciudad comenzaba a despertar con su habitual bullicio, pero en el penthouse donde Julia y Sebastián se refugiaban, la calma parecía un espejismo. Julia despertó antes que él y lo observó con detenimiento. El rostro de Sebastián, iluminado por la luz suave que entraba por los ventanales, no mostraba descanso; incluso en sueños, sus facciones estaban tensas, como si librara batallas en un campo invisible.
Julia acercó una mano a su m