El eco de la confesión aún resonaba en los pasillos. La traición de Álvaro no era simplemente un golpe a los negocios de Sebastián; era un recordatorio brutal de que nadie estaba a salvo, de que incluso la lealtad más antigua podía resquebrajarse bajo la presión del dinero y la ambición.
Julia caminaba detrás de Sebastián por el pasillo principal, en silencio, intentando descifrar sus pensamientos. Lo conocía lo suficiente como para notar que, aunque su rostro permanecía firme, por dentro herví