La noche cayó sobre la ciudad como un manto de incertidumbre. Las luces de los rascacielos titilaban a lo lejos, pero en el despacho de Sebastián reinaba una oscuridad más densa que la del cielo. Julia observaba desde un rincón, mientras él repasaba una y otra vez los informes de seguridad, como si en algún renglón pudiera encontrar la verdad que tanto necesitaba.
La revelación de Martín sobre una segunda filtración había dejado a todos en vilo. La traición ya no era un hecho aislado, sino una