La ciudad se apagaba poco a poco bajo el manto de la noche. Las luces de los edificios competían contra la luna que se alzaba sobre los rascacielos, como si el poder humano intentara opacar la inmensidad del cielo. Pero para Julia, nada de eso importaba. Sentía que el mundo entero se había reducido al latido acelerado de su corazón mientras avanzaba junto a Sebastián por el pasillo silencioso del penthouse.
Había pasado el día entre discusiones veladas, promesas incumplidas y la tensión latente