SAMUEL
Cuando ella abrió la puerta, el mundo se detuvo y entonces esa bendita toalla blanca se deslizó y la vi casi desnuda, su figura se grabó en mi memoria en custión de segundos, los mismo que me tomaron recorrerla centímetro a centímetro de manera rápida.
Ella se agachó rápidamente, la toalla volvió a su lugar, yo me giré como un idiota diciendo "no vi nada, lo juro", pero los dos sabíamos que era mentira.
Cerró la puerta. Me quedé paralizado en el pasillo, respirando hondo, tratando de con