SAMUEL
Meses después, el hospital vuelve a ser nuestro centro de reunión. Pero esta vez no es por una tragedia. Es por una vida que está por llegar.
Sofía está en la sala de partos, con el rostro contraído por el dolor, los dedos agarrados a las sábanas blancas, la respiración entrecortada. Bastián está a su lado, pálido como un fantasma y las manos temblorosas. Mira el monitor, la sangre. Mira el rostro de Sofía y entonces, sus ojos se pierden. Sus piernas se doblan. Su cuerpo se desploma sob