66. Un rescate. Una despedida.
—¿Ya despertó?
—No, aún no… pero vi que ya movió los dedos.
Las voces llegaban a Eryn a través de una espesa niebla de inconsciencia, como ecos desde la orilla de un sueño profundo y frío. Su último recuerdo claro era la huida frenética, el bosque devorando sus pasos, y luego la tormenta: un manto blanco y silencioso que cayó con tanta ferocidad que el mundo se volvió una única masa borrosa y gélida. Había logrado arrastrarse bajo un amasijo de ramas secas al abrigo de un pino gigante, un ref