64. Contra Reloj.
El amanecer llegó sin gloria, cubriendo el reino de Haro con un manto gris que parecía absorber toda esperanza. La plaza principal, usualmente bulliciosa con el mercado matutino, hoy hervía con una energía muy diferente: una mezcla nauseabunda de morbo, indignación y ansia por el drama que se avecinaba.
—¿Intentaron asesinar al mismísimo rey? —repetía una mujer con un delantal sucio, chismorreando con sus vecinas mientras se amontonaban para conseguir un buen lugar.
—¡Sí, y pensar que estuvo