Clara se despertó con la sensación de haber hecho algo irreversible.
No era culpa. Tampoco alivio.
Era esa presión en el pecho que aparece cuando sabes que has tocado una verdad que no se puede desdecir.
El mensaje seguía ahí, en el móvil, como una herida abierta:
Necesito espacio. De verdad.
No había respuesta.
Eso la inquietó más que cualquier reproche.
Se levantó temprano, demasiado. El silencio del piso era incómodo, como si las paredes supieran algo que ella todavía estaba intentando asumi