El sol estaba alto, quemando suavemente el horizonte, cuando Kael recorrió los pasillos del castillo con una determinación que pocos habían visto en él. Su mirada estaba fija en un solo objetivo: encontrar a Sareth. La mañana había comenzado con la rutina del castillo y la presencia constante de Myra, pero todo eso parecía desvanecerse frente a la urgencia de lo que sentía. No podía esperar más. No quería esperar más.
Al encontrarla en la biblioteca, sumida en pergaminos y mapas antiguos, Kael