*—Antonella:
No supo cuánto tiempo pasó mientras estuvo durmiendo, pero sintió un toque ligero en el brazo y la cálida voz de Maximilian llamándola con suavidad.
—Amor, despierta —susurró él.
Antonella abrió los ojos lentamente y se encontró con la mirada brillante de Max, quien le sonreía con ternura.
—Hola, amor. Te he preparado algo de comer.
Ella se estiró perezosamente y extendió los brazos al aire antes de que Max la ayudara a levantarse con suavidad. Aunque aún no había tomado un