*—Max:
La ceremonia transcurría con absoluta armonía. Las luces suaves del atardecer acariciaban el jardín decorado con flores blancas y doradas, y el murmullo de las conversaciones alegres llenaba el aire con un ambiente de celebración. Todos parecían felices, pero nadie tanto como Maximilian Bryant.
Max no podía dejar de sonreír, literalmente. Su rostro, normalmente serio y reservado, ahora estaba iluminado por una expresión de pura dicha. Se sentía ligero, casi como si caminara entre