Una Larga Noche.
La comida frente a Isela se enfriaba sin que ella la tocara. El mantel negro parecía absorber la luz, las copas brillaban con reflejos rojizos, como si el vino fuese sangre atrapada en cristal. Damian no había movido su plato tampoco. La mesa era solo un escenario para algo mucho más intenso.
El reloj marcaba las 23:37. Afuera debía de haber tráfico, murmullos, vida. Allí dentro no había nada salvo ellos dos y esa tensión que la mantenía con el pulso acelerado.
Damian no dejaba de observarla. N