Umbral Vigilado.
No avanzaron, ese fue el gesto más difícil.
El laboratorio estaba allí, abierto de una manera que no podía llamarse invitación pero tampoco rechazo.
Un umbral sin puerta visible, un límite que no se cerraba ni se defendía de forma explícita, como si el propio edificio supiera que cualquier intento de protección frontal sería inútil contra personas que ya habían aprendido a moverse en sistemas rotos.
Isela se mantuvo inmóvil, con el peso distribuido de forma consciente, controlando la respiració