Nos Encontraron.
Los golpes en la puerta se repitieron, más fuertes, más apremiantes. Isela contuvo la respiración, sintiendo cómo cada impacto hacía vibrar no solo la madera, sino también su pecho. El corazón se le aceleró de manera descontrolada, como si buscara escapar de su cuerpo.
—¿Quién…? —su voz salió rota, apenas audible.
El silencio que siguió fue peor que los golpes. Afuera, la lluvia golpeaba con furia, y el viento colaba un silbido inquietante por la ventana entreabierta. Isela tragó saliva, incapaz