No Somos Salvadores.
Después del miedo, no llegó la furia, llegó el cansancio.
No un cansancio físico, sino uno más profundo, más peligroso: el que nace cuando entiendes que el conflicto no tiene una solución limpia, que no existe una acción correcta que borre todas las consecuencias, que cada paso, incluso el necesario, va a dejar marcas.
El punto ciego permanecía activo, pero en silencio, como si también él hubiera aprendido a esperar.
Isela fue la primera en sentarse, no porque el cuerpo no le respondiera, sino