Lo que Nunca Debió Existir.
La muerte tiene un sonido.
Cayden nunca había tenido forma de describirlo antes. En sus registros internos, la ausencia de vida debía traducirse como un valor nulo, un indicador apagado, un circuito que simplemente deja de emitir. Eso era lo que se esperaba de él: reconocer un cese, marcarlo, almacenarlo, continuar.
Pero cuando sucedió, cuando sucedió con ella, no hubo apagón. Hubo un estallido.
Silenciosa, como un núcleo contrayéndose hasta convertirse en un punto imposible. Un latido que cesa