La Duda.
En los niveles inferiores, donde los pasillos se extendían como venas de metal y las luces parpadeaban con un pulso cansado, Selena se movía sin sonido.
Su silueta era apenas una sombra entre sombras, deslizándose entre puertas selladas, sensores muertos y cámaras que giraban sin ver nada. Había aprendido a respirar al ritmo del sistema, a confundirse con el ruido eléctrico.
Era su única forma de seguir viva.
Habían pasado días, o semanas, no estaba segura, desde que comprendió que Cayden no po