El Trato.
El silencio del refugio era engañoso. Por fuera, todo parecía dormido: las luces parpadeaban con lentitud, las máquinas apenas respiraban. Pero en el interior de Selena, el ruido era ensordecedor.
Habían pasado horas desde que escaparon del Nivel -13.
Isela y Livia dormían acurrucadas bajo una manta vieja, los rostros pálidos por el cansancio. Damian, sentado junto a la pared, mantenía el arma sobre las rodillas, la mirada fija en nada.
Selena los observaba a los tres.
A veces le resultaba impo