El Peso de los que Quedaron Atrás.
El camino no tenía nombre.
No figuraba en mapas oficiales ni en los corredores de datos que el sistema Alfa aún intentaba rastrear. Era una franja de asfalto agrietado, flanqueada por campos muertos y estaciones de servicio abandonadas, donde el viento arrastraba polvo viejo y recuerdos que nadie reclamaba.
Damian avanzaba primero.
No por liderazgo, sino porque su cuerpo no sabía detenerse.
Cada paso era una negociación interna: músculos humanos obedeciendo órdenes que no venían de él, impulsos