El Hijo Perdido.
Helena no siempre había sido una mujer rota. Antes de que las sombras del Consejo se pegaran a sus costillas como un segundo esqueleto, había sido solo una científica brillante, una joven cuya inteligencia hacía que los pasillos se acomodaran a su paso.
Adrian solía mirarla como si el mundo hubiera empezado el día en que ella decidió amarlo. No tenían miedo, no en aquel momento. La palabra ni siquiera existía en su vocabulario cotidiano.
Todo cambió con un llanto.
No un llanto triste, ni de dol