Cuchillos Invisibles.
El silencio después de la aparición de Selena fue más cortante que cualquier disparo. La luz parpadeante de los fluorescentes dibujaba sombras largas que hacían que todos parecieran más altos, más peligrosos.
Selena avanzó despacio, el arma firme en sus manos. Su cabello húmedo caía en mechones sobre su rostro, pero sus ojos brillaban con la misma intensidad que Isela recordaba de los rumores: ojos de alguien que había visto demasiado y sobrevivido.
—Bajen las armas —ordenó, sin apartar la mira