Aquello que Nunca Tuve.
El laboratorio vacío tenía un eco que Leo ya conocía demasiado bien. Ese tipo de silencio que se pega a la piel, que se desliza por las paredes como un veneno lento.
Se sentó en uno de los bancos metálicos y apoyó las manos, temblorosas, sobre la superficie fría. Parecía que todo en ese lugar existía únicamente para recordarle quién era: un error costoso, una sombra manufacturada, un hijo que no justificaba el aire que respiraba.
Pensó en Cayden. En Isela. En lo fácil que ellos respiraban, hast