Un Latido Desconocido.
El horizonte parecía una línea dibujada con descuido por un dios cansado. Una carretera estrecha, partida, agrietada como piel reseca, se extendía hasta donde el sol convertía la tierra en un espejismo líquido.
No había árboles, ni sombras, ni señales de que alguien hubiese pasado por ahí en días. Solo viento caliente, granuloso, arrastrando polvo que se pegaba en la lengua.
Cayden avanzaba con pasos pesados, marcados, como si cada huella exigiera una decisión consciente. Cargar el peso del cue