Mundo ficciónIniciar sesiónLa mañana en Silver Willow Ranch comenzó mucho antes de lo que Samantha
estaba acostumbrada. Mucho antes. Demasiado antes. —¿Por qué hay gallos? —murmuró Britney desde la otra cama. Samantha abrió un ojo con dificultad. El reloj marcaba 6:02 a.m. —No lo sé —respondió con voz adormilada—. Pero si ese animal vuelve a cantar… juro que lo voy a demandar por alteración del orden público. Como si lo hubiera escuchado, el gallo volvió a cantar con entusiasmo desde algún lugar del rancho. Britney se cubrió la cabeza con la almohada. —Odio Texas. Samantha dejó escapar una pequeña risa. La habitación donde estaban era acogedora. Madera clara, una ventana grande que dejaba entrar la luz del amanecer y una vista impresionante de los campos. Era bonito. Pero definitivamente no era Manhattan. Samantha se levantó lentamente de la cama. —Creo que deberíamos levantarnos. Britney levantó apenas la cabeza. —¿Para qué? —Para ver el rancho. —Podemos verlo desde la ventana. —Britney. —¿Sí? —Vinimos hasta Texas. Britney suspiró dramáticamente. —Eso sigue pareciéndome una mala decisión. Treinta minutos después, ambas salieron de la casa. Britney llevaba unos jeans que claramente no eran su estilo habitual. Samantha también había cambiado sus tacones por unas botas prestadas de Margaret. —Esto se siente raro —dijo Britney mirando sus pies. —Son botas. —Lo sé. —La gente aquí las usa todo el tiempo. Britney caminó unos pasos. —Me siento como si estuviera en una película. Samantha estaba a punto de responder cuando escucharon un ruido cerca del granero. Henry. Estaba levantando unas tablas de madera junto a un corral. Llevaba una camisa sencilla arremangada y sus botas estaban cubiertas de polvo. Cuando las vio acercarse, levantó una ceja. —¿Se perdieron? Britney respondió antes que Samantha. —No. Estamos explorando. Henry las miró de arriba abajo. —¿A las siete de la mañana? Samantha cruzó los brazos. —Algunos de nosotros somos madrugadores. Henry miró el reloj en su muñeca. —Son las seis cuarenta y cinco. Britney susurró: —Nos descubrió. Samantha ignoró el comentario. —Queremos ayudar. Henry la miró unos segundos. Luego miró a Britney. Luego volvió a Samantha. —No. Samantha frunció el ceño. —¿No? —No. —¿Por qué? Henry señaló el corral detrás de él. —Porque esto no es un paseo turístico. Britney levantó la mano. —Podemos aprender. Henry la observó con expresión escéptica. —¿Alguna vez han trabajado en un rancho? Ambas guardaron silencio. Henry asintió. —Eso pensé. Samantha dio un paso adelante. —No necesitamos experiencia para intentar. Henry suspiró. —Está bien. Tomó una cubeta y se la entregó. —Den de comer a las gallinas. Britney miró dentro de la cubeta. —¿Esto es comida para gallinas? —Sí. —Huele raro. —Porque es comida para gallinas. Britney caminó hacia el gallinero con cautela. —Hola, gallinitas…las gallinas la miraron. Un segundo después… todo se volvió caos. —¡SAM! —gritó Britney. Una de las gallinas empezó a correr hacia ella. Luego otra. Luego todas. —¡¿POR QUÉ VIENEN HACIA MÍ?! Henry se apoyó contra la cerca cruzando los brazos. —Porque tienes la comida. Britney empezó a correr. —¡QUÍTENMELAS! Las gallinas la siguieron por todo el corral. Samantha intentaba no reír. —¡Solo deja la cubeta! —¡NO PUEDO! Henry finalmente se echó a reír. Una risa auténtica. —Solo déjala en el suelo. Britney soltó la cubeta como si estuviera en llamas. Las gallinas se lanzaron sobre la comida. Britney quedó de pie, respirando agitadamente. —Las odio. Samantha estaba riendo abiertamente. —Eso fue increíble. Britney la miró indignada. —No fue increíble. Henry se acercó con una pequeña sonrisa todavía en el rostro. —Ok… quizá las gallinas no eran la mejor opción. Samantha levantó la barbilla. —Yo puedo hacer algo más. Henry la miró con curiosidad. —¿Ah sí? —Sí. —Bien. Señaló un caballo en el corral cercano. —Ayúdame con él. Samantha caminó hacia el caballo con confianza… al menos al principio. El animal era grande. Mucho más grande de lo que parecía desde lejos. —Es hermoso —dijo Samantha. Henry le dio unas instrucciones rápidas. —Solo sostén la cuerda mientras lo saco del corral. Samantha asintió. —Eso parece fácil. Henry abrió la puerta del corral. El caballo salió con energía. Demasiada energía. Samantha intentó sostener la cuerda. El caballo tiró con fuerza. —¡Espera! —dijo Samantha. Henry reaccionó rápido, pero no lo suficiente. Samantha perdió el equilibrio. Un segundo después… estaba sentada en el suelo. Con polvo en todo el pantalón. Britney empezó a reír tan fuerte que casi se cayó. Henry sostuvo al caballo y luego miró a Samantha. Intentó mantenerse serio; realmente lo intentó, pero no lo logró. —¿Estás bien? Samantha lo miró desde el suelo. —Estoy considerando vender el rancho. Henry volvió a reír. Britney se acercó ayudándola a levantarse. —Esto definitivamente es mejor que Nueva York. Samantha se sacudió el polvo. Henry la observó unos segundos. Había algo diferente en su expresión ahora. Menos desconfianza. Más curiosidad. —Para alguien que nunca ha estado en un rancho… —dijo finalmente— no lo hiciste tan mal. Samantha levantó una ceja. —¿Eso fue un cumplido? Henry se encogió de hombros. —Tal vez. Britney sonrió. —Progreso. Samantha miró el rancho a su alrededor. El polvo. Los caballos. El aire abierto. Nada de eso formaba parte de su mundo. Pero por primera vez desde que llegó… No le parecía tan extraño. Y aunque todavía no lo admitiría… Tampoco le parecía tan terrible. Especialmente cuando ese vaquero arrogante comenzaba, muy lentamente… a mirarla de una forma distinta.






