A la mañana siguiente, Clary despertó con el cuerpo todavía lleno de la noche anterior.
No de una forma escandalosa.
De una forma peor.
Más lenta.
Más profunda.
El beso en la muñeca seguía pareciéndole una caricia secreta, una promesa mínima y devastadora. Y la frase de Jack, dicha con esa seriedad tranquila que no admitía dudas, seguía viva dentro de ella como una llama pequeña:
Cuando llegue esa primera vez… no va a ser un accidente.
Se quedó unos segundos boca arriba, mirando el techo, inten