La música terminó, pero ninguno se apartó enseguida.
El salón azul quedó en silencio, envuelto en la luz tibia de las lámparas y en esa quietud especial que queda después de algo íntimo. Jack seguía sosteniéndola por la cintura. Clary todavía tenía una mano en su hombro y la otra cerca de su cuello, como si el cuerpo no hubiera terminado de entender que ya no estaban bailando y, aun así, no quisiera soltarlo.
Él fue el primero en moverse.
No para alejarse del todo.
Solo lo suficiente para mirar