Clary tardó más de diez minutos en bajar.
No porque Jack se lo impidiera.
Porque salir de su habitación aquella mañana, después de haber despertado entre sus brazos y haberlo besado con la claridad tranquila de alguien que ya no estaba huyendo de lo que sentía, parecía más importante de lo normal. Como si el simple hecho de abrir la puerta fuera también aceptar que algo entre ellos había cambiado de forma definitiva.
Cuando llegó al comedor pequeño del ala alta, Jack ya estaba allí.
No sentado.