Clary despertó despacio.
No fue un sobresalto ni una sacudida de miedo, como tantas otras mañanas de los últimos meses. Fue algo mucho más extraño. Más suave. Más peligroso, justamente por eso.
Calor.
Esa fue la primera sensación.
Calor en la espalda. En la cintura. En la nuca, donde una respiración profunda y tranquila le rozaba apenas la piel. Y, cuando terminó de abrir los ojos, entendió por qué.
Jack seguía allí.
La habitación estaba envuelta en una luz gris azulada de madrugada. Las cortin