Clary volvió a su habitación con las piernas todavía un poco débiles.
No por cansancio.
Por todo lo demás.
Cerró la puerta despacio y se quedó un momento apoyada en ella, con los ojos cerrados y la respiración intentando encontrar un ritmo que no quería volver. Tenía la boca sensible, la piel demasiado despierta y el cuerpo entero con esa clase de calor lento que no se va enseguida, porque no nace solo del deseo, sino también de la emoción.
Y eso era lo que más la desarmaba.
No había sido solo