A las cinco en punto, Elise volvió por ella.
La tarde había ido perdiendo fuerza poco a poco, dejando la mansión envuelta en una luz más tenue, dorada en los ventanales y azulada en los pasillos más profundos. Clary llevaba casi una hora intentando no pensar demasiado en la conversación que la esperaba, pero le había resultado imposible.
Después del paseo corto por el corredor, Elise la había ayudado a cambiarse de ropa. Ya no llevaba la camisa blanca demasiado grande con la que había despertad