La tarde en la mansión cayó despacio, envuelta en una calma tan limpia que a Clary le resultó sospechosa.
Después de hablar con Samantha, había intentado descansar un poco, pero dormir le fue imposible. El cuerpo seguía pesado por el golpe, el costado le recordaba la caída con cada respiración más profunda y la cabeza le latía a ratos como si todavía guardara ecos del accidente. Aun así, no era el dolor lo que más la mantenía despierta.
Era el silencio.
Ese silencio refinado, contenido, casi el