Después de que Jack salió de la sala azul, el silencio se quedó flotando en el aire como una tercera presencia.
Clary siguió sentada unos segundos más, con la manta todavía entre las manos y el pulso desacompasado. Le molestaba profundamente que él tuviera ese efecto. Le molestaba todavía más no poder decidir si lo que sentía era rabia, desconfianza o esa forma más incómoda de atención que se instala cuando un hombre empieza a importar más de lo conveniente.
Elise se acercó despacio.
—¿Quiere v