La noche había caído sobre Lirien, envolviendo el palacio en un manto de sombras y luces temblorosas de antorchas. La corte dormía, o al menos fingía hacerlo, mientras los ecos del incidente con la Ceniza aún vibraban en los muros. Kael y Ainge se encontraban en la cámara de estudio privada del Rey, un espacio reservado para mapas, pergaminos y, ahora, para conspiraciones que podrían determinar la supervivencia de dos reinos.
Kael estaba desarmado, con la capa negra de cuero echada sobre los ho