El amanecer se filtraba con un tono rojizo sobre el Valle de las Cicatrices, tiñendo de fuego las rocas y los páramos donde siglos de batallas habían dejado cicatrices profundas. La niebla matinal arrastraba un olor a tierra húmeda y humo lejano, mientras los guerreros de Skarn y los agentes de Lirien se desplegaban en las zonas previamente delimitadas. Kael y Ainge llegaron juntos, el Comandante montado en Vidar, su dragón, y la hechicera caminando junto a él, dejando que la seda de su capa ro