99. Lo que queda cuando cae el ruido. Fran
Los vi entrar como sombras educadas. No corrieron, no gritaron. Trajes sin placa, prolijos hasta en la manera de pisar. Armas con permiso prestado, de esas que no pesan en la conciencia porque alguien más firmó el papel. Damián no estaba. Demasiado elegante para ensuciar sus zapatos en un búnker sin ventanas. Él manda a otros a hacer el ruido.
Dos hombres avanzaron. Uno levantó el arma. El otro levantó la voz.
—Tranquilos —dijo.
No saben que esa palabra me da ganas de reír. No porque sea gra