80. El precio
El golpe vino desde atrás. No fue una bala—no todavía—pero sí una explosión pequeña en la caseta de audio, lo justo para sembrar caos. Un destello, un estruendo seco, y la plaza completa se volcó un paso hacia la derecha, como un barco cuando una ola lo empuja sin aviso. La confusión hizo un remolino de gritos y cuerpos. Entre ese desorden controlado, vi a Damián bajar del banco donde se había montado con la elegancia de un político entrenado. No corrió. No necesitaba correr. Simplemente se des