8. Donde empieza el silencio
Nunca me gustaron las noches que parecen perfectas. Suelen esconder algo que después se cobra caro.
La lluvia seguía cayendo cuando dejé a Mile frente a su pensión. Ella me miró un instante antes de bajar, con esa mezcla de gratitud y duda que me desarma más de lo que debería. No dijo nada. Tampoco yo. Nos entendimos sin palabras, como si el silencio fuera un idioma que ambos dominábamos desde antes de conocernos.
El parabrisas dibujaba líneas líquidas sobre la ciudad. Pensé en todo lo que habí