60. Donde todo se prende
Fue cuestión de un segundo. Un latido. El cielo aclaró con esa luz que no viene del sol sino de la decisión, la multitud hizo silencio como si alguien hubiera dicho un “shh” gigante desde lo alto de un edificio, y entonces Tribunales se quedó negro. Un apagón total, preciso, casi quirúrgico. A mis espaldas, los celulares se encendieron uno tras otro: pequeñas luciérnagas temblorosas que cortaban la sombra con su insistencia inútil, pero hermosa. Sentí que la ciudad entera cambiaba de modo: resp