52. Señales en la ciudad
La capital tenía la misma mueca de siempre, carteles, lluvia oblicua, bocinazos que te educan a golpes. Caminé con la capucha arriba y la llave en el bolsillo, como si llevara un amuleto y no una pregunta. Fran, a medio paso, hoy más silencioso que de costumbre; el silencio de él es brújula, no ausencia.
La dirección de Lara quedaba en una calle de árboles viejos y porteros discretos. Me miré en el vidrio del hall: no era la chica del pueblo ni la asistente asustada. Era una mujer que venía a c