17. Cicatrices

Hay heridas que no cierran nunca.

Solo aprenden a hablar bajo de otra forma.

La mía aprendió a decir su nombre: Mile.

La vi cruzar el pasillo esa mañana, con su carpeta azul apretada contra el pecho, el cabello recogido en un moño que dejaba libres un par de mechones rebeldes. Caminaba con la determinación de quien decide no dejar que el miedo la arrastre. Tenía ese gesto que combina cansancio y fuerza, una mezcla que desarma.

Cuando me entregó los reportes del rodaje, quise agradecerle, decirl
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