16. Lo que callan los edificios
La ciudad amaneció envuelta en una neblina fina, de esas que difuminan los bordes del mundo hasta que todo parece recién inventado. Las farolas titilaban como si dudaran de su propio brillo, y los autos se deslizaban lentos, con el sonido amortiguado por el aire húmedo.
En la agencia, todos hablaban más bajo que de costumbre. El apagón de la noche anterior había dejado una sombra suspendida sobre los escritorios, una sensación eléctrica que todavía vibraba en los pasillos. Los monitores parpade