El restaurante estaba cerrado al público. Solo quedaban luces tenues y el aroma a jazmín que subía desde los inciensos disimulados en las esquinas. La reserva no figuraba en ningún registro, y el personal que servía había sido elegido por su silencio.
Gianna llegó puntual.
Vestía de negro, con una chaqueta entallada que hacía juego con sus labios rojos. Llevaba el cabello recogido en una coleta alta, lo justo para que nadie pensara que venía a seducir... aunque sabía que su presencia ya lo hací