En la casa del morocho, se encontró desayunando con una Lina ausente. El morocho la miraba con atención, pero ella no se percataba de lo que sucedía alrededor. Lina estaba perdida en sus pensamientos, en aquellos, que una y otra vez la llevaban a la escena vivida en la oficina de Alex, de a rato su ira renacía y de a rato renacía su tristeza.
—La llevo a Aye a la escuela, ¿quieres? —habla Gaby, pero Lina estaba tan perdida en sus recuerdos y cavilaciones que no lo escuchó—. Lina —le llama atención la tirándole con una servilleta, lo que causa que ella salte sobre la silla.
—Gaby —chilla con el ceño fruncido.
—Te estoy hablando, Lina, y no me escuchas. ¿Dónde estás?
—Aquí —contesta elevando los hombros.
—No estás aquí. Deja de pensar, que puedo ver como echas humo por las orejas.
—Estaba pensando en que tienes razón —dice, tomando un sorbo de su café.
—Así? ¿Y en qué? —cuestiona elevando una ceja y cruzándose de brazos esperando con lo que pueda llegar a salir su amiga.
—En que estoy