Un nuevo amanecer se daba a conocer en la residencia de los Dunckan. Sole estaba siendo despertada suavemente con dulces y tiernos besos. Erik se había despertado antes que ella como ocurría todas las mañanas y la agazapaba como era su costumbre. La pelirroja ronroneó y se estremeció por la tierna forma de despertarla.
—Vamos, dormilona —susurra contra la boca de su esposa.
—Solo un poco más —se queja envolviendo el cuello de su esposo y llevándolo consigo, todavía sin abrir los ojos.
—Señora D