Ella corre hacia el niño y se deja caer de rodillas para abrazarlo con fuerza y no puede evitar que las lágrimas se hicieran presentes, desde ese momento la vida de ambos cambiaría deliberadamente.
—¿Sofi? —murmura Mateo con la voz ahogada por tener su cara escondida entre el cuello y el hombro de ella y por contener las lágrimas que hacen estragos en su garganta para salir—. No llores, Sofi.
A metros de donde están ellos, Ian los observa en silencio con una gran sonrisa y tragando muchas veces para pasar el nudo que se formó en su garganta, para él es la escena más emotiva que haya visto, y nunca se imaginó que le iba a afectar tanto. Mateo es un niño muy alto para su edad, Ian lo escanea, mira sus cabellos castaños, su piel blanca y sus ojos color avellana, mira su altura y ve el contraste que tienen los dos juntos y decide que le gusta mucho lo que ve, le gusta demasiado, por lo que sin darse cuenta apareció junto a ellos, sin poder contener su sonrisa.
—¿Vamos a conocer tu nueva