Ella corre hacia el niño y se deja caer de rodillas para abrazarlo con fuerza y no puede evitar que las lágrimas se hicieran presentes, desde ese momento la vida de ambos cambiaría deliberadamente.
—¿Sofi? —murmura Mateo con la voz ahogada por tener su cara escondida entre el cuello y el hombro de ella y por contener las lágrimas que hacen estragos en su garganta para salir—. No llores, Sofi.
A metros de donde están ellos, Ian los observa en silencio con una gran sonrisa y tragando muchas vec