La canción terminó con la imagen de Lina agachada, inclinada hacia atrás mirando al chico, con una de sus piernas bien estiradas por entremedio de las piernas del joven y él sosteniéndola erguida y mirándola desde arriba.
Los aplausos de la multitud cortaron bruscamente la imagen que Alex admiraba con un poco de celos y un poco de adoración. Para él fue muy hermoso verla bailar con tanta sensualidad, pero también fue un suplicio el ver que era otro quien la hacía moverse así.
—Estuviste muy bien —adula el joven.
—Gracias —Con rapidez se acerca a la joven que le había prestado los zapatos para devolvérselos—. Muchas gracias.
—De nada —Le sonríe con admiración— Estuvieron geniales, fue muy hermoso verlos bailar.
Lina agradece y se despide de acercarse al bandeonista, también para agradecerle.
—Un deleite para los ojos humanos —halaga el hombre—. ¿Dónde aprendió a bailar así?
—Mi padre me enseñó —contesta justo cando Alex se acerca a ellos.
—Hola, joven —el hombre saluda a Alex y vuelve