Sole y Erik llegaban de su luna de miel, la pobre pelirroja se pasó todo el vuelo vomitando y maldiciendo, no se encontró en lo mejor de sus días. Erik trataba de animarla y con toda esa paciencia que él posee no la dejaba deprimirse, no le quitaba la vista de encima ni un segundo, ni tampoco las manos. La tenía envuelta de la cintura con su brazo, pegada a su cuerpo y sonreía por todas las ocurrencias negativas que ella lanzaba sobre los vómitos que le proporcionaba el embarazo.
—Sole, cariño,